A nadie se le escapa que el meollo del engendro televisivo llamado reality show (programas que documentan la vida de personas anónimas o famosetes grimosos confinados y bajo vigilancia constante) es la exhibición de cochambre moral y espiritual que ofrecen un grupo de homínidos dispuestos al escarnio por alcanzar unas migajas de fama. Conversaciones oligofrénicas, sonrojantes escarceos eróticos, sentimientos de pacotilla y toda una panoplia de sandeces proferidas sin recato componen el argumento del más concurrido fenómeno televisivo de los últimos veinte o treinta años. Hasta entonces, los urdidores de programas exitosos se habían esmerado por idear fórmulas más o menos bizantinas o rocambolescas que entretuviesen a sus audiencias; los creadores del reality show descubrieron que lo que más entretiene es la exhibición, sin disimulos ni ambages, de la degradación…
Autor: Juan Manuel de Prada
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