Y la respuesta del Señor es directa: Buscad entrar por la puerta angosta, que es ancha la puerta que lleva a la perdición.
Nada de timideces, ni de salirse por la tangente, ni dar la respuesta por callada, ni pasar a otro tema, ni hacerse el sueco, ni marear la perdiz, ni vacilarle al personal.
Se lo toma como lo que es: una pregunta pertinente, que requiere una respuesta pedagógica y estimulante, además de acertada. Y va, y lo suelta: por la «puerta estrecha»; que la puerta amplia y holgada te lleva al huerto. Para siempre.
Era una pregunta que periódicamente, hasta pocos años después del Concilio, salía a relucir en los teólogos más famosos, o se les planteaba, con razón, a los que tenían fama de santos, o salían a relucir en tantos y tantos Ejercicios Espirituales; no digamos en las famosas Misiones que removían conciencias y almas.
Autor: José Luis Aberasturi
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