Volvió a suceder. Quizás no terminamos de acostumbrarnos a tamaño regalo que se nos hace cada año últimamente, aunque conviene tomar nota y levantar acta para poder debidamente caer en la cuenta y saber agradecer. La noticia es que el domingo pasado nuestra catedral de Oviedo se vio llena como pocas veces la hemos visto. Era difícil adentrarse tras las puertas de acceso. Un abanico de tantas edades: desde personas mayores que peinaban las canas de su sabiduría, hasta los más alevines que venían como bebés en sus carritos bajo la atenta mirada de sus padres. Y mucha mocedad de diversas edades. Fue realmente una ráfaga de aire fresco.
Autor: Monseñor Jesús Sanz Montes
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