Hay una escena recurrente –de novela y de cine– que me encanta. Se cruzan por un bosque dos caballeros andantes o dos vaqueros, se saludan, comen juntos y se cuentan sus cuitas; pero luego cada uno sigue su camino porque son distintas las aventuras que les están destinadas. Son tantas las causas justas, que no todos podemos pelearlas todas, entre otras cosas porque cada una merece todo nuestro esfuerzo.
Autor: Enrique García-Máiquez
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