En el lenguaje contemporáneo se ha instalado una forma de hablar de la Virgen María que, aunque bienintencionada, resulta teológicamente imprecisa. Se la presenta a menudo como una mujer excepcional que, por su santidad personal, fue “elegida” por Dios para una misión extraordinaria. La tradición católica, sin embargo, enseña exactamente lo contrario: María no fue escogida porque era santa; fue hecha santa porque fue escogida.
Este matiz no es secundario. Afecta al modo mismo en que se comprende la gracia, la libertad humana y la acción soberana de Dios en la historia de la salvación. En María no hay mérito previo que obligue a Dios a actuar. Hay, más bien, una elección gratuita, eterna, amorosa, que configura toda su existencia desde el primer instante.
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Autor: INFOVATICANA
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