La frase de San Ignacio de Loyola que dice «Obra como si todo dependiera de ti y confía como si todo dependiera de Dios» tiene una fuerza que nunca pierde vigencia. Combina responsabilidad y fe de un modo que cambia la perspectiva sobre el éxito y la incertidumbre.
San Ignacio nació en 1491 en el País Vasco y soñaba con la gloria militar. Pero un giro inesperado ocurrió tras una grave herida en el sitio de Pamplona. Pasó meses en recuperación, tiempo que aprovechó para leer sobre la vida de Cristo y los santos. Este proceso le mostró otra forma de felicidad, una que no dependía del reconocimiento externo, sino de una conexión profunda con Dios.
La frase que le atribuimos resume una enseñanza valiosa: la vida exige esfuerzo personal, disciplina y responsabilidad, pero también una entrega que trasciende la propia capacidad humana. No se trata de elegir entre actuar…
Autor: Religión Confidencial
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