Hay que reconocerlo: menos mal que llegó el Concilio Vaticano II. Porque hasta 1965, según parece, la Iglesia no tenía del todo claro si Dios se había hecho hombre, estantería o constelación menor del sistema solar. El Evangelio estaba ahí, sí, pero necesitaba una actualización de firmware conciliar para volverse comprensible.
Así lo explica Gabriel Richi, catedrático de Eclesiología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, con tono grave y gesto doctoral: «El mensaje central del Concilio Vaticano II es que Dios ha querido hacernos participar de su vida enviándonos a su Hijo». Impactante. Revelador. Inédito. Dos mil años de cristianismo, cuatro evangelios, credos, concilios, mártires y Padres de la Iglesia… esperando a que alguien en los años sesenta nos lo aclarase por fin.
Porque claro, sin el…
Autor: Carlos Balén
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