Siempre he tenido claro que cuando uno se va de una parroquia o una diócesis lo mejor que puede hacer es desaparecer de ahí. Y si por circunstancias sigues viviendo como obispo o párroco emérito dentro de la misma parroquia, hacerlo sin entrar para nada, sin meterte para nada en la actividad del sucesor.
También están los obispos o sacerdotes que acabaron su ministerio pastoral en su lugar correspondiente, fueron trasladados de diócesis o de parroquia pero convencidos de que sin ellos no pueden vivir en lo que fueron sus anteriores destinos. Todos conocemos casos y nunca para bien.
Imaginen ese sacerdote que sigue en contacto con sus parroquias anteriores, se sigue reuniendo con aquellos grupitos que tuvo en su momento y de paso, a distancia pero con fuerza disfrazada de sutilidad, mangonea, sugiere, dicta en la parroquia y malmete más arriba. Pasa poco, pero pasa.
Autor: Jorge González Guadalix
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…
La cultura es el camino de la Nueva Evangelización
El objetivo del Papa San Juan Pablo II de involucrar a la cultura en la Nueva Evangelización fue la construcción de una civilización del amor como fuente de libertad y…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…



















