Esta mañana, he ido con mis hijos al centro para comprar un nuevo Niño Jesús, después de que el anterior sufriera la trágica suerte que antes o después les llega a todas las imágenes de escayola. Me ha hecho ilusión, porque pocas cosas más navideñas puede haber que marchar de mañana en busca del Niño Jesús recién nacido. Aunque sea en metro y no en camello.
No ha sido fácil, como imaginarán. Conviene que una imagen sea piadosa, ayude a rezar y, como mínimo, no produzca rechazo en quien la ve. No siempre es el caso, por desgracia. Las imágenes modernas del Niño a menudo son horriblemente relamidas, quizá porque, para la mayoría de la gente, ya no son una ayuda para la oración y la fe, sino más bien un adorno decorativo.
Autor: Bruno Moreno
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