Cada 31 de diciembre, cuando el año civil llega a su fin, la Iglesia eleva una de sus oraciones más antiguas y solemnes: el Te Deum. En parroquias, catedrales y, de modo especial, en la basílica de San Pedro, este himno de acción de gracias resuena como expresión pública de reconocimiento a Dios por los dones recibidos a lo largo del tiempo que termina.
Lejos de ser una costumbre reciente, el Te Deum forma parte del patrimonio espiritual más antiguo del cristianismo. Se trata de un himno latino en prosa cuyo nombre procede de su primer verso: Te Deum laudamus (“A ti, Dios, te alabamos”). Su composición se sitúa entre finales del siglo IV y comienzos del V.
Su autoría no está plenamente establecida. A lo largo de los siglos se ha atribuido a figuras tan relevantes como san Ambrosio, san Agustín o san Cipriano de Cartago. Sin embargo, muchos estudiosos consideran hoy…
Autor: INFOVATICANA
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