La liturgia de la Iglesia no se limita a ordenar celebraciones en el calendario: enseña a mirar el tiempo con ojos redimidos. Por eso su lenguaje no es accesorio, ni meramente funcional; nombrar los días y las estaciones es ya una forma de confesar la fe y de educar el alma. En la liturgia, la palabra no describe simplemente lo que ocurre: revela el tiempo tocado por Cristo.
El Vetus Ordo ofrece una articulación teológica del año litúrgico que no es arbitraria, sino profundamente espiritual, al distinguir dos grandes prolongaciones del misterio: los domingos post Epiphaniam y los domingos post Pentecosten. Ambos son tiempos “después”, pero no del mismo modo; prolongan el misterio bajo luces distintas.
Las Dominicae post Epiphaniam viven aún bajo el resplandor de la manifestación del Verbo hecho carne. La Epifanía no es un recuerdo piadoso ni un episodio clausurado,…
Autor: INFOVATICANA
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