( Constance T. Hull en Catholic Exchange)-El pasado lunes por la noche falleció mi suegro. Unas horas antes, aquel mismo día, celebré junto a mi familia el duodécimo aniversario bautismal de mi hija. Falleció el mismo día en que celebrábamos el nacimiento de mi hija a la vida en Cristo y su entrada en Su Iglesia. Y desde entonces rezamos por su entrada a la vida eterna.
Es difícil llorar la pérdida de un hombre al que apenas conocí. A mi marido le ha resultado difícil explicar esto a sus amigos, así como a los sacerdotes que le acompañan y que han estado rezando durante las dos últimas semanas a fin de que tuviese una tranquila y santa muerte. Resulta difícil comprender y explicar el duelo por un hombre ausente durante décadas.
Lo cierto es que fue decisión del padre de mi marido alejarse hace años de él y de sus nueve hermanos. He llorado la pérdida de la…
Autor: redaccioninfovaticana

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