Nuestro mundo hedonista, materialista e individualista ha decidido prescindir de Dios a fin de perseguir la efímera felicidad terrenal. De ahí que, después de las apretadas agendas y las prisas características de la semana, la mayor parte de la sociedad, al llegar el fin de semana, busque el tan anhelado descanso, tanto en la gran variedad de entretenimiento fácil y superficial que ofrecen nuestros móviles y pantallas como en la música estruendosa, el aglomeramiento y las extravagancias propias de los estadios deportivos, de algunas plazas y, en especial, de los grandes centros comerciales, nuevos templos del culto al hombre.
Autor: Angélica Barragán
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