Cuando observo a mi alrededor, sobre todo en mis recorridos en el transporte público de Madrid, veo tantas situaciones, que a veces me llevan a cuestionar el sentido de para que el hombre vive, para quien vive y porque vive. La respuesta a estos interrogantes del hombre la encuentro en los santos. Eran hombres y mujeres con debilidades, con fragilidad, se equivocaban, se enfadaban, tenían ira, necesitaban superarse cada día y seguir poniendo su mirada en Dios. Pero, los que han sido canonizados por la Iglesia como la inmensa cantidad de santos que hay en el cielo, se caracterizan porque en medio de todo su pecado, han sabido vivir con plenitud su condición de hijos de Dios. Ellos se han dejado llenar de la santidad y de la gloria de Dios, y ahora le pueden gritar Santo por toda la eternidad.
Autor: Belén Sotos
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