Hacia la década de 1250, un sacerdote dominico francés escuchó durante la confesión a mujeres locales hablarles de “San Guinefort”, quien era objeto de devoción en la región cercana a Lyon.
“Como pensaba que se trataba de alguna persona santa, continué con mi investigación y finalmente descubrí que en realidad era un galgo…”, escribió más tarde el sacerdote Esteban de Borbón.
Según cuenta la historia, el perro había salvado a un bebé de una serpiente, pero el padre del niño lo mató injustamente, creyendo erróneamente que el perro había sido el culpable.
Si bien a algunas personas les puede decepcionar oír esto, cabe aclarar que los perros no pueden ser cristianos, y mucho menos santos, por lo que el sacerdote intentó erradicar lo que él denominó una “superstición insultante”.
La veneración mal entendida del noble perro es un ejemplo de lo que el…
Autor: Matthew McDonald
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