Cuando somos capaces de poner entre las manos de Dios nuestra pequeñez y nuestra fragilidad, Él lo transforma, hace el milagro con lo que le entregamos. A veces Dios no nos pide mucho…nos pide todo, nos pide la generosidad de saber entregarle todo nuestro corazón, de abrirnos con confianza y generosidad a su Amor transformador. Que podamos darle no lo mucho ni lo poco, sino darle todo, lo que llevamos guardado, lo que somos, lo que sentimos, lo que vivimos, todas nuestras alegrías y fortalezas, todos nuestros dolores y fragilidades, para que Él entre sus manos haga el milagro de transformar en milagro el barro.