Yo llegué a mi familia con un destino razonablemente claro: iba para princesa. No una de cuento medieval —que ya bastante tenían—, sino una princesa moderna, educada, con fe ordenada, sentido del deber y una confianza casi conmovedora en que la vida, si una se porta bien, se mantiene la coherencia narrativa. Todo parecía previsto, contemplado, casi como si alguien hubiera redactado un guion con instrucciones de uso: “Llegará, será encantadora, confiable, elegante… y todo irá según lo planeado”. El rol estaba tan preparado que bastaba con abrir la puerta y empezar a vivirlo.
Autor: Matilde Latorre de Silva
Los beneficios de la oración
“Más que nada, la oración te permite echar un vistazo a tu interior y alinearlo con el corazón de Dios. La oración no es un monólogo en el cual nos…
Hábitos del Padre Pío que todos los católicos podemos practicar
San Pío de Pietrelcina, más conocido como el Padre Pío, nos deja unos hábitos espirituales que debemos conocer para vivir una vida más cercana a Dios. Continúa leyendo este artículo…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…



















