Hay una frase que decimos con mucha naturalidad cuando alguien nos ofrece ayuda: «No hace falta, ya me arreglo». No solemos pensar demasiado en ella, pero contiene una idea bastante poderosa: que arreglárnoslas solas es una forma de dignidad y que necesitar a otra persona nos coloca, aunque sea durante un momento, en una posición menos libre. Por eso hay quien prefiere pagar de más, devolver un favor inmediatamente o rechazar una ayuda que realmente necesita antes que quedarse con la sensación de deber algo.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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