Por Monseñor Charles Fink
Gran parte del mundo moderno se comporta como si “todo fuera política”. Y si la política es el arte de lo posible, se sigue que casi todo está permitido. ¿Por qué? Porque los seres humanos tenemos una capacidad casi infinita de inventar buenas razones para hacer cosas malas. Si no partimos del reconocimiento de algunos absolutos morales —es decir, límites que jamás debemos cruzar—, siempre seremos capaces, y con frecuencia estaremos inclinados, a justificar acciones terribles en nombre de resultados posibles y, supuestamente, buenos.
En realidad, la política es solo una pequeña, aunque importante, parte de la interacción humana. La moralidad se acerca mucho más a serlo todo: una moralidad delimitada por prohibiciones absolutas, dentro de las cuales existe una amplia libertad para el desacuerdo en el ámbito de los juicios prudenciales,…
Autor: The Catholic Thing
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