Ayer por medio de la liturgia éramos introducidos en un banquete de bodas. Unos novios celebran una boda, y en medio de la fiesta y el alborozo, cuando la celebración había llegado a su punto más alegre, los novios se quedan sin vino para poder ofrecer a todos los invitados. El vino que da alegría al corazón y que es signo de bendición a la mesa, falta de repente en la boda. Parece que todo iba a terminar en desgracia, pero estaba por llegar lo mejor.
En esa boda había varios invitados muy especiales. Todos los amigos del novio y de la novia estaban en la celebración, como muchos de sus familiares. Pero también había dos invitados que se convertirían en los que iba a dar sentido a esa boda. María y Jesús fueron invitados a la boda. La Madre y el Hijo con sus discípulos estaban en la boda disfrutando de la fiesta y el baile. María como buena Madre estaría pendiente…
Autor: Un camino de fe
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