Desde el movimiento llamado Me Too [Yo También], es común que, de vez en cuando, algunas mujeres hagan públicas las acusaciones de acoso, abuso o agresión sexual contra hombres pertenecientes al ámbito del espectáculo, de la política, del deporte y hasta de la alta sociedad. Aun cuando, en algunos casos, los varones acusados pueden alegar la provocación o el consentimiento tácito de algunas féminas que, liberadas de todos los “prejuicios y tabúes sexuales”, están lejos de comportarse como damas, dichas conductas son injustificables. Pues lo cierto es que el hombre debe, por honor y por decencia, comportarse siempre como caballero.
Y ahora que la virtud de la templanza escasea entre muchos varones, bien deberían, si no por prudencia (que tampoco abunda), al menos por su propio interés, mostrar más autocontrol ante la gran posibilidad de que el consentimiento,…
Autor: Angélica Barragán
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