El profeta Elías y San Ignacio de Loyola experimentaron la presencia de Dios en el interior de una cueva. Para ellos, supuso entrar en lo más profundo de su corazón y de su vida para poder tener un encuentro con el Dios que podía transformar su existencia. El profeta Elías sintió la presencia de Dios en el paso de una brisa suave. Dios se manifiesta en ocasiones, así. Un momento de paz, de calma es el espacio en el que Dios puede hablar a cada uno. El Señor pasa en la cotidianidad de la existencia, en el silencio de una brisa, en la tranquilidad de quien lo espera todo de Dios. En el viento ligero, que siente Elías se atisba la presencia del Espíritu de Dios, que prepara el corazón para la entrega. Así, ocurre muchas veces en la vida de cada jornada. Sientes a Dios, no el tumulto del ruido, o de la tormenta, sino el paso suave de un Dios que se acerca a tu corazón y te…
Autor: Belén Sotos
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