Para ser santo joven, hay que morir joven, por accidente, enfermedad, crimen o bajo martirio. Y con santidad, claro, una santidad que los amigos y conocidos intuyeran o vieran claramente.
El santo joven tiene varias particularidades: los que le conocieron vivirán aún bastantes años y podrán hablar de lo que fueron testigos. Además, el joven queda como congelado en el tiempo, en sus fotos, textos, y en tiempos modernos, en vídeos, y será ofrecido como modelo a otros jóvenes (jóvenes que, si todo va bien, dejarán de serlo al pasar los años).
En la diócesis de Paraná en Argentina ha empezado formalmente la fase diocesana de la causa de canonización de 3 jóvenes locales, que fallecieron en 1990, 1995 y 2006, años de televisión a color, de cintas de vídeo e incluso de Internet. Uno fue seminarista, y los otros dos laicos de Acción Católica Argentina. Los tres murieron…
Autor: Pablo J. Ginés
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