El gobierno de Turquía, bajo la administración de Recep Tayyip Erdoğan, ha expulsado desde 2020 a más de 200 cristianos extranjeros, en su mayoría misioneros y trabajadores de comunidades protestantes, junto con sus familias. Las autoridades los califican como “amenazas a la seguridad nacional”, una acusación que no ha sido acompañada de pruebas ni procesos judiciales formales.
Los afectados han recibido notificaciones mediante códigos administrativos secretos —conocidos como N-82 y G-87— que no sólo ordenan su salida del país, sino que prohíben su reingreso indefinidamente. De acuerdo con la organización Alliance Defending Freedom International (ADF), detrás de estas medidas se esconde una persecución religiosa silenciosa, ejecutada mediante decisiones burocráticas que eluden el escrutinio judicial.
“Estos cristianos han servido pacíficamente durante años…
Autor: INFOVATICANA
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