Confieso que me costó entender lo de la dictadura del relativismo cuando hizo referencia a ella el gran Papa Benedicto XVI. De entrada me parecía algo incluso contradictorio. El relativismo contiene en sí mismo grandes deficiencias que afectan al núcleo del ser humano, pero al considerar que no existe la verdad no me daba la impresión de que uno de sus defectos fuera el de ser dictatorial. Parece más bien lo contrario, que permite mayor libertad a cada uno al no imponer ningún criterio y considerar que ninguna verdad es inamovible. Parte de que cada uno tiene “su” verdad y, además, puede cambiarla según momento, circunstancia o conveniencia. Tal supuesta ausencia de dogmatismo llega al punto de que el relativismo incluso es entendido por muchos como base de las democracias: cada uno piensa, actúa y opina como quiere, sin interferencias. La propia actitud relativista sería el sustrato…
Autor: Daniel Arasa

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