Una familia se encuentra en misa y se acerca el momento de la consagración cuando se escucha un sonoro grito. «Se ha vuelto a caer del banco«, piensa el padre. Las miradas de los fieles se vuelven hacia la familia, pacientes con quien por enésima vez trata de mantener a sus hijos en un imposible estado de perfección adulta. Finalmente, uno de los progenitores toma la decisión, se levanta y saca al pequeño de la Iglesia, aunque el resto de fieles le anima a quedarse. Los padres, ahora divididos, podrían tener que enfrentar lo que queda de misa tratando de mantener el control de unos hijos que exigen apremiantemente salir y disfrutar, como su hermano, de una brisa de aire fresco o simplemente de jugar entre ellos.
La descrita no es una situación anómala. Muchas familias acuden hasta con miedo a misa, dando incluso por imposible la idea de rezar unos minutos, aún a sabiendas…
Autor: José María Carrera
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