Ayer, paseando por Barcelona, viví una situación profundamente dual, casi esquizofrénica, visitando Santa María del Mar.
Por un lado, porque hay obras de arte que no se dejan contar. No porque sean complejas, sino porque la experiencia que producen no se reproduce ni en una fotografía ni en un texto. Me ocurre con el Cristo se Velázquez, con la mezquita de Córdoba y me ha vuelto a ocurrir aquí. Las fotografías de Santa María del Mar no reflejan ni de lejos el impacto de verla en persona. Santa María del Mar no se contempla: se está dentro de ella como se está dentro de una idea verdadera. El cuerpo entiende antes que la cabeza.
La nave principal es una lección de gusto geométrico perfecto. Un gótico que ya sabía, con una madurez asombrosa, que podía prescindir del énfasis para alcanzar lo sublime. No hay retórica, no hay alarde. Hay proporción exacta, una…
Autor: Miguel Escrivá
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No celebres Halloween, sino quieres rendir a Satán sin saberlo.
Holywins, es la alternativa al culto a los demonios que celebramos cada primero de noviembre Tal vez muchos de nosotros hemos celebrado Halloween cuando éramos niños, porque nos parecía divertido…
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