¡Cuánto consuelo tuvo el Divino Infante cuando descansó por primera vez en el regazo varonil y paternal de San José! Desde la eternidad, él había sido preparado para ser la representación de Dios Padre junto con el Hijo encarnado. Fue el padre perfecto: de santidad inmaculada, lleno de cariño, deseoso de educar, deseoso de proteger y apoyar en todas las necesidades.

Redacción (19/03/2025, Gaudium Press) Muchas almas, a lo largo de los siglos, han tenido el placer de contemplar la alegría y el encanto del Niño-Dios acunado por primera vez en los brazos maternos de la Santísima Virgen María. ¡Cuánta alegría debió sentir el Niño Jesús en aquel momento al verse envuelto por el amor purísimo de su Santísima Madre, creada por Dios para encarnarse en Ella y redimir a los hombres, restaurando la obra de la creación!
Pocos, sin embargo, recuerdan haber contemplado el…
Autor: Saul Castilblanco Mosos
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