Espero saber explicarme bien. Quiero salvar a Pedro. Y a Pablo. Y a Irene. Y a Yolanda. Y a Alberto. Y… a todos los demás. Y espero que todos los católicos lo queramos y creamos en el poder que tenemos, por pura Gracia, para hacerlo; al menos para intentarlo con fuerza, con fuerza divina, que es capaz de llevarse por delante cualquier resistencia humana. Dios respeta la libertad del hombre, sin duda, pero sabe tocar el corazón y ablandarlo. Suavemente y poco a poco como una brisa leve o de repente con la energía de un terremoto que sacude los cimientos de la vida, los que el hombre creía que le servían de apoyo y no eran más que vaciedad inconsistente, y de pronto lo ve.
Sí, deseo salvar a Sánchez. Y a los demás. Espero con esperanza teologal una Gracia que los convierta. Sólo ella puede hacerlo. Pero hay condiciones, no sólo en quienes han de recibirla, sino también…
Autor: Félix del Valle Carrasquilla

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