Me entero a toro pasado de que en la televisión pública, antes o después de las campanadas de fin de año, se hizo escarnio del Sagrado Corazón de Jesús, mediante la exhibición de una estampita que sustituía el rostro de Cristo por la mascota vacuna de un concurso. El arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha lamentado el escarnio con palabras que excitan nuestra vocación polemista: «Lo más triste es que los responsables no son conscientes de lo que hacen. Una vez más, la banalidad nos rodea».
Argüello denuncia la banalidad que nos rodea sin preguntarse por su etiología. Pero a esa banalidad ambiental han contribuido las propias jerarquías eclesiásticas, afirmando que la llamada «libertad religiosa» es «inherente a la dignidad de la persona», melonada característica de quienes confunden libre albedrío y libertad de acción. La «dignidad inherente a la persona»…
Autor: Juan Manuel de Prada
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