En los últimos años, una expresión se repite con insistencia en determinados ámbitos eclesiales: “apertura a la novedad”. Presentada como una actitud evangélica y casi obligatoria, suele invocarse en contextos de cambio, crisis o reforma. Sin embargo, cuando se formula sin precisiones doctrinales ni límites claros, deja de ser una exhortación espiritual para convertirse en una consigna ambigua, capaz de justificar casi cualquier cosa.
En la meditación de apertura del Consistorio, a cargo del cardenal Radcliffe, se mencionó la novedad como uno de los caminos, o estilos, de algunos cardenales —incluido él por supuesto—: “algunos de nosotros seremos defensores de la memoria, valorando la tradición”, añadiendo: “otros disfrutarán más de la sorprendente novedad de Dios, pero la memoria y la novedad son inseparables en la dinámica de la vida cristiana”.
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Autor: INFOVATICANA
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