Lo sabíamos desde que llegó o desde que lo conocimos. Lo sabíamos. Sabíamos que este día llegaría y que sería un día no sólo triste pero también triste. Sabíamos que algún día nos tendríamos que decir «que el Padre Carlos ha dicho que se va» de la parroquia de San Gregorio Taumaturgo, Sarriá, Barcelona. Él devolvió el espíritu de comunidad a un barrio muy cínico. Él recuperó a nuestros jóvenes de su nihilismo y los convocó a la semejanza de qué están hechos. Por una vez sentimos que una misión nos llamaba a algo más importante que nosotros mismos. Ayer fue sido su última Misa. No podemos estar para siempre bendecidos. No podemos pretender que una prodigiosa e inmóvil bendición nos proteja para siempre. No se puede ser eternamente afortunado. Hoy va a ser otro día de trabajo.
Cuando el Padre Carlos llegó se encontró una iglesia vacía, una ciudad y…
Autor: Salvador Sostres
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