Hay tragedias que no piden permiso para entrar. Un tren descarrila y, en cuestión de segundos, la vida se parte en dos: el antes y el después. Personas que iban leyendo, pensando en llegar, soñando con lo que vendría, quedan atrapadas en un instante que nadie eligió. Las sirenas, los cuerpos heridos, los nombres pronunciados con temblor… y luego el silencio. En ese silencio, casi siempre, alguien se atreve a decir en voz baja lo que muchos sienten por dentro: ¿Dónde estaba Dios cuando ocurrió esto? No es una acusación pensada; es un lamento que nace del alma.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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