El cuarto mandamiento de la Iglesia, de obligado cumplimiento para un católico (al margen de subjetividades que no suelen ser sino excusa para incumplir nuestros deberes cristiano-religiosos), dice así: «Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia». En estos días de Cuaresma, cuando la Iglesia manda ayunar el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, así como abstenerse de comer carne los viernes, esto adquiere particular significación.
Lamentablemente, hoy casi nadie cumple con este precepto; incluso bastantes católicos tampoco lo hacen y así adquieren una notable responsabilidad objetiva delante de Dios, primero por incumplir y segundo, por dar mal ejemplo. Incumplir no exime de pecar, siquiera por desobediencia a la institución que Dios mismo puso como camino de gracia y salvación, al decir Jesucristo a Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra…
Autor: Miguel Ángel Irigaray Soto

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