Entre las piezas más singulares de la espiritualidad interna del Opus Dei hay una frase que no procede de san Josemaría, sino de su primer sucesor, Álvaro del Portillo. Y no se encuentra en ninguna homilía ni en un texto de gobierno, sino en una carta privada fechada el 30 de junio de 1975, apenas cuatro días después de la muerte del fundador.
En esa carta, que debía servir como testamento de fidelidad para los miembros de la Obra, Del Portillo escribió una súplica que con el tiempo se haría célebre, y que Opuslibros ha rescatado en un reciente artículo firmado por Darian Veltross:
«Y ruego también que si, a lo largo de los siglos, alguno —no ocurrirá, estamos ciertos—, quisiera perversamente corromper ese espíritu que nos ha legado el Padre, o desviar la Obra… que el Señor lo confunda y le impida cometer ese crimen, causar ese daño a la Iglesia y a las…
Autor: Diego Lanzas
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