Hay una experiencia espiritual de la que casi nunca hablamos con suficiente honestidad: lo difícil que nos resulta dejarnos perdonar. Pedir perdón ya es un acto valiente. Perdonar al otro puede costar lágrimas. Pero sabernos perdonados por Dios… eso, para muchos, es casi imposible. Nos hemos convertido en especialistas en revisarnos con lupa, en erigir tribunales interiores que no descansan, en dictar sentencias severas contra nosotros mismos incluso cuando Dios —el único que puede juzgar con plena justicia y plena misericordia— ya ha pronunciado su veredicto definitivo: inocente, liberado, amado.
Autor: Matilde Latorre de Silva
¿Cómo rezar cuándo nos abruma las preocupaciones?
Las emociones que acompañan a las crisis son a menudo descritas como una sensación similar a olas gigantes rompiendo tú alrededor. Por eso, en sus Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola proporcionaba el…
Profecías de la Virgen que se están cumpliendo ahora
Hace siglos, Nuestra Señora del Buen Suceso reveló profecías sobre los siglos XIX y XX que hoy se están cumpliendo con asombrosa exactitud. Cuando se dice que el tiempo de…
La cultura es el camino de la Nueva Evangelización
El objetivo del Papa San Juan Pablo II de involucrar a la cultura en la Nueva Evangelización fue la construcción de una civilización del amor como fuente de libertad y…


















