Hay una experiencia espiritual de la que casi nunca hablamos con suficiente honestidad: lo difícil que nos resulta dejarnos perdonar. Pedir perdón ya es un acto valiente. Perdonar al otro puede costar lágrimas. Pero sabernos perdonados por Dios… eso, para muchos, es casi imposible. Nos hemos convertido en especialistas en revisarnos con lupa, en erigir tribunales interiores que no descansan, en dictar sentencias severas contra nosotros mismos incluso cuando Dios —el único que puede juzgar con plena justicia y plena misericordia— ya ha pronunciado su veredicto definitivo: inocente, liberado, amado.
Autor: Matilde Latorre de Silva
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…
Cómo afirmar la veracidad de los evangelios
Hay una técnica muy utilizada por los detectives para encontrar información que les ayude a armar el cuadro completo de una escena, es el Soporte Involuntario entre Testigos. Esta técnica…
No celebres Halloween, sino quieres rendir a Satán sin saberlo.
Holywins, es la alternativa al culto a los demonios que celebramos cada primero de noviembre Tal vez muchos de nosotros hemos celebrado Halloween cuando éramos niños, porque nos parecía divertido…



















