Y si el gentilicio no está muy acertado, espero me sepan disculpar, porque es lo de menos.
Las cosas de nuestra vida parroquial muchas veces surgen de la manera más inopinada. Les cuento.
Estamos en Gandullas. Unos minutos antes de la misa aparecen la hermana Irasema y casi detrás la buena de Paquita. Paquita es todo en Gandullas: voluntaria, sacristana, colaboradora. Y es la memoria viva de tradiciones, usos y costumbres.
– Fíjese el mes de mayo. Lo que era. Al llegar el mes de mayo colocábamos la Inmaculada en una mesita junto al altar.
– Eso está hecho. Ahora mismo.
Con la ayuda de las dos, en apenas unos minutos, ahí estaba la Virgen en su altarcito, con un par de candelabros y unas flores a sus pies. Y la hermana Irasema que sugiere más:
Autor: Jorge González Guadalix
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