En una época en que nos reímos a carcajadas de la virtud, la templanza, la rectitud o la continencia… nos sorprendemos de encontrar depravados sexuales entre nosotros. Es la gran hipocresía del momento. Los opinadores del circo mediático se rasgan las vestiduras, ponen caras serias y lanzan gruesas palabras contra un pobre hombre, esclavo de sus pasiones, que hasta hace dos telediarios era considerado un chico guay. Y se sorprenden de que sea ahora un degenerado que no respeta a las mujeres y las humille con prácticas sexuales impropias.
Opinadores, fariseos, sepulcros blanqueados, por favor, dejad ya de tirar esas piedras verbales, imitando a las masas enfurecidas, y preguntaros si acaso vosotros habéis contribuido también, al reíros de la necesidad de la templanza ante esas pasiones primarias que tienden a desbocarse, a crear una sociedad enferma en donde la mujer es…
Autor: Álex Rosal
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