Por: Mons. Alberto José González Chaves
Hoy, fiesta del Dulce Nombre de María, podemos detenernos en una experiencia sencilla y a la vez profunda: pensar cómo ese Nombre bendito de María ha estado en nuestros labios desde niños, cómo lo hemos recibido de nuestros padres y abuelos como la herencia más preciosa, y cómo deseamos conservarlo hasta el último aliento de nuestra vida.
Dice el libro del Eclesiástico: «Como perfume derramado es Tu Nombre» (Eclo 24,20). Si hay un nombre que perfuma y embellece el alma, que endulza los labios y fortalece el corazón, ese es el Nombre de María. No es un nombre cualquiera: en él resuena la historia de nuestra salvación, la ternura de Dios hecha rostro femenino, la cercanía de una Madre que nos acompaña.
Hoy recordamos con emoción cómo aprendimos a pronunciar este Nombre en la catequesis primera, de la mano de nuestros padres…
Autor: INFOVATICANA
¿Cómo ayudar a las Almas de tu familia en el Purgatorio a llegar al Cielo?
“No basta ser santo ante los hombres, sino que hay que serlo delante de Dios. ¡Recen por mí!”. Palabras impactantes del Monseñor Marengo, Obispo de Carrara, a una religiosa de María Auxiliadora…
La cultura es el camino de la Nueva Evangelización
El objetivo del Papa San Juan Pablo II de involucrar a la cultura en la Nueva Evangelización fue la construcción de una civilización del amor como fuente de libertad y…
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…



















