Revisando papeles, archivos… he encontrado una cosa curiosa de un día de fiesta en un pueblo. Tenían previstas varias misas, y una de ellas se presentaba como «misa de comunión», lo que, claramente, quiere decir que las otras misas no eran de comunión, misas sí, pero donde no comulgaban los fieles.
Recuerdo hace muchos años, siendo servidor un jovencísimo religioso agustino, que cada 28 de febrero se celebraba en la basílica del Monasterio del Escorial un solemnísimo funeral por los reyes de España al que acudían el jefe del estado, el gobierno, representantes de las instituciones del estado y una amplísima concurrencia de embajadores y otros miembros del cuerpo diplomático. En esa misa jamás se distribía la comunión a los fieles. Los religiosos comulgábamos en el coro al acabar el rezo de laudes.
Autor: Jorge González Guadalix
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