El pasado domingo, en horario de máxima audiencia, MasterChef Junior, un programa emitido por RTVE, cruzó una línea imperdonable: permitir que niños imitaran un paso de baile obsceno popularizado por la cantante Aitana.
Lo que debería ser un espacio de entretenimiento sano y educativo se ha convertido en un escaparate de la degradación cultural y moral que la propia televisión pública fomenta sin ningún tipo de reparo.
La Televisión Pública: culpable y cómplice
Este espectáculo no fue un accidente. No fue algo improvisado ni un descuido en directo. Fue planeado, realizado, posproducido y emitido con total deliberación. Cada fragmento de este programa pasó por las manos de un equipo de edición, dirección y producción. Y, sin embargo, ninguna de estas personas levantó una sola alarma ante lo que estaban mostrando. ¿Qué clase de profesional considera esto adecuado…
Autor: Jaime Gurpegui
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