En la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, el Evangelio no nos aleja de María para hablar sólo de obediencia. Nos revela la fuente de su dicha: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11, 28). La Madre del Señor es bienaventurada porque creyó, permaneció y dejó que la Palabra diera forma a toda su vida.
Autor: Luis Javier Moxó Soto
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