Sucede, a veces, que la vida te regala uno de esos momentos que te arreglan por dentro. Que te cosen el roto interior y te hacen, digamos, mejor de lo que eras justo antes. Mejor persona en general; mejor ser humano en todos los (buenos) sentidos. Quizá no experimentes una transformación radical y extrema de tu existencia, un giro de 180º de tus principios y prioridades (que también), pero sí te aseguras un potente empujón hacia el lado bueno de las cosas. Y eso es algo que necesitamos todos. Y especialmente yo.
Ese momento -valioso, extraordinario, imborrable, hermoso- me lo regaló la vida hace un par de semanas. Y fue volver a Lourdes como hospitalario treinta y pico años después de la primera vez. Más maduro, sí, pero igual de ilusionado y motivado que a los 20 años. Y probablemente más necesitado.
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Autor: Pepe Álvarez de las Asturias
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