«Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: ‘La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino'» (Lucas 10, 1-5).
La Biblia nos dice que el Señor envió a los primeros discípulos de dos en dos. ¿Por qué no solos? Me gusta pensar que Dios, en su infinito amor por los hombres, ya preveía la soledad a la que se enfrentaría el sacerdote en las sociedades modernas. Cuando a un joven se le presentan las vocaciones hoy, parece que tenga que decidir entre caminar solo y caminar acompañado, como si la paternidad y el sacerdocio fueran dos opciones opuestas, contrarias, pero encuentro…
Autor: Albert Schaefer
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