Una de las pobrezas más notorias en nuestro siglo, principalmente en Europa y gran parte de América, es la escasez de tiempo, la “falta de tiempo”. Oímos con frecuencia, y quizás también lo decimos mucho: “No tengo tiempo para…”, “Me falta tiempo para…” Parece que cada vez tenemos menos tiempo, y eso que los días siguen durando 24 horas y cada hora 60 minutos.
Autor: José Francisco Vaquero
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