(ZENIT Noticias / Bogotá, 29.04.2026).- En un momento en que las sociedades occidentales se enfrentan a crecientes niveles de ansiedad, soledad y enfermedades crónicas, una voz inesperada se ha sumado al debate: la de un médico que no apunta a un nuevo fármaco o terapia, sino a una práctica ancestral. La propuesta es sencilla, incluso contracultural en sus implicaciones: la participación regular en la Eucaristía puede estar asociada con mejoras medibles en la salud física y mental.
La reflexión, compartida públicamente por el internista José Jorge Maya, se basa en un creciente conjunto de investigaciones que exploran la relación entre la práctica religiosa y el bienestar. Si bien el médico evita exagerar las conclusiones, destaca una serie de asociaciones estadísticas que han atraído cada vez más atención en los círculos médicos y de salud pública.
Entre las…
Autor: Enrique Villegas
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