El régimen del presidente Bashar al-Ásad –tras 24 años en el poder–, ha caído y, como enseña el dicho, «a rey muerto, rey puesto». Ahora son las diferentes facciones que han provocado este cambio las que tienen que decidir en qué se convierte Siria a partir de ahora. Si en una nueva Afganistán o en un Estado de paz libre de violencia sectaria.
Una incertidumbre que preocupa especialmente a los cristianos –que llegaron a ser el 10%, hoy solo el 2%– y al resto de minorías religiosas, y étnicas, del país. ¿Se repetirá la horrible persecución islamista vivida por los cristianos durante los catorce años de guerra civil? Para saberlo, habrá que esperar, pero los antecedentes auguran lo peor, como, por ejemplo, el lavado de cara de los talibanes al tomar el poder en Afganistán por segunda vez.
Agotados por la situación
Mientras el tirano al-Ásad siempre se…
Autor: ReL
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