Somos los bienaventurados, los felices, los santos, los que hemos recibido el Espíritu, y podemos clamar a un Dios, que nos ama, y nos está esperando (cf. Gal 4, 6-7). Pero, si realmente, queremos ser los dichosos es necesario mirar a Jesús. Él es el bienaventurado que todo lo ha recibido.
Autor: Belén Sotos
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