Enfadarse me parece casi inevitable. Fruncir el ceño, apretar los dientes, decir “esto no se olvida nunca”… es profundamente humano. Guardar rencor también lo es. Forma parte de nuestra biología emocional, como el café fuerte o esa tendencia a darle vueltas a los problemas una y otra vez.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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