Una buena cosmética es, ante todo, un arte del respeto: no desfigura ni pintarrajea; no convierte un rostro en una caricatura de sí mismo ni lo fuerza a parecer lo que no es. La buena cosmética conserva la fisonomía anterior, la reconoce, la cuida, la preserva, la mima, en continuidad, sin engaño, sin negar hoy lo que hubo ayer.
Las grandes casas cosméticas lo saben bien: una firma seria que hace de su nombre una garantía no busca anular el rostro, sino acompañarlo y respetarlo; no promete una nueva faz, sino una cara fiel a sí misma, ennoblecida por el paso del tiempo; no quiere imponer una cara distinta, sino lograr que la misma persona siga siendo reconocible y atractiva. Si la cosmética olvida este principio, si se obsesiona con la novedad o con el impacto inmediato, el resultado es grotesco: brillo artificial, decapado agresivo, volumen innecesario, expresión congelada,…
Autor: INFOVATICANA
Los 18 beneficios de asistir a la Santa Misa
La misa es el encuentro con Dios Nuestro Señor, pero no sólo con Él, también con nuestro interior, haciendo que mejoremos cada día más como personas. Este encuentro con Nuestro…
Mitos sobre el yoga, el budismo y otras prácticas espiritistas que te alejan de Dios
El padre Luzón advierte sobre los posibles peligros y consecuencias de involucrarse en estas prácticas desde una perspectiva cristiana. ¡Continúa leyendo y no te pierdas los detalles sobre los mitos…
Profecías de la Virgen que se están cumpliendo ahora
Hace siglos, Nuestra Señora del Buen Suceso reveló profecías sobre los siglos XIX y XX que hoy se están cumpliendo con asombrosa exactitud. Cuando se dice que el tiempo de…


















